Si hay algo que no voy a echar de menos precisamente del Camino es el desayuno. Acabé harto de tanto biofrutas, bollería y de la maldita chocogalleta. Aquí estamos en Pedrouzo preparándonos para los últimos 20 Km hasta Santiago.
Como muestra de cordialidad hacia los albergueros bordes del Camino gallego (excelentemente representados por la hospitalera alférez de Pedrouzo y su eminente colega de Melide) hice una donación de mis chancletas para que pudiesen ser utilizadas por ellas como les viniese en gana.