Cronopaisaje
Gregory Benford
Nova
Timescape
1980
Junio de 1994
Traducción Domingo Santos
496 páginas

La llamada ciencia ficción hard siempre ha puesto un gran énfasis en mostrar cómo realizan los científicos su trabajo a la hora de investigar fenómenos extraños u objetos desconocidos. Una de las novelas más conocidas de esta forma de entender el género es La nube negra, donde Fred Hoyle (una de las mentes más efervescentes de mediados del siglo pasado) desgranaba con habilidad cómo un grupo de hombres de ciencia se enfrentarían a la tarea de desentrañar un misterio incomprensible que amenaza con acabar con la vida en nuestro planeta. 23 años después de su aparición, Greg Benford, por entonces una promesa en ciernes, realizó en Cronopaisaje un trabajo semejante pero profundizando mucho más en todas las facetas, consiguiendo la obra más recordada de esa corriente y una lectura obligada para todo seguidor de la ciencia ficción que se precie de serlo.

La tarea que acomete resulta en principio ciclópea: abordar una narración rigurosa sobre el viaje en el tiempo que trate todas las posibilidades que éste plantea (paradojas, universos paralelos,...) y, a la vez, aunarlo con una descripción muy detallada de cómo se acomete la labor investigadora en cualquier universidad del planeta. El resultado final, a pesar de ser bastante satisfactorio, dista mucho de ser perfecto al no ser capaz Benford de escapar al rasgo más casposo de la tradición hard: dejar que un cierto espíritu culebronesco impregne la historia y robe protagonismo al auténtico motivo de central de la novela.

Queda muy lejos de mi intención afirmar que un libro de ciencia ficción no pueda hablar de la vida cotidiana de las personas y que éstas no puedan tener problemas. Para nada. De hecho parte de Cronopaisaje goza de un sano tono costumbrista alrededor de cómo influye el trabajo investigador en el día a día de los científicos, que insufla una mayor verosimilitud a lo que cuenta. Sin embargo, cae en el exceso de introducir una serie de subtramas innecesarias o de dar doscientas mil vueltas a algo que no daba ni para un capítulo. Así, una historia que hasta la mitad estaba tremendamente equilibrada entre la faceta especulativa y la más pedestre, acaba escorada hacia esta última, con la ligera pérdida de interés que eso acarrea.

No obstante hay que ser sincero y reconocer que Cronopaisaje es un tour de force de alto voltaje que mientras focaliza su atención en el viaje en el tiempo se desenvuelve con una garra que pocos escritores del hard han conseguido imprimir a sus libros. Esta cualidad se fragua en su concepción como relato a dos bandas entre un futuro que se muere y un pasado que recibe su señal de auxilio sin saber lo que puede estar ocurriendo.

De esta manera el autor levanta una doble trama que se va cruzando con un ritmo uniforme y que profundiza en muchos otros aspectos a parte de los ya mencionados, como la rivalidad y la envidia en los ambientes académicos, las dificultades que surgen a medida que se van deteriorando las condiciones de vida en un mundo que languidece o lo que cuesta asumir algo que en principio se presume imposible.

Su hecho diferencial respecto al resto de las novelas de viajes en el tiempo y, en definitiva, su valor añadido, radica en que éste no sólo se toma como algo perfectamente posible sino que, además, se describe exhaustivamente la forma en que podría tener lugar, internándose con un valor insólito en el resbaladizo terreno de la especulación. A esto ayuda la facilidad como divulgador de Benford, que utilizando símiles muy asequibles va explicando tanto la manera de mandar y recibir el mensaje, cómo lanzarlo hacia una período de la historia diferente, la aparición y el control de las paradojas,...

Una novela estimulante, repleta de hallazgos y que casi se lee en un suspiro, especialmente recomendada para todos aquellos que piensan que los temas más duros del género no son aptos para todo tipo de formaciones académicas. Benford demuestra que para hacerse entender sólo hace falta saber cómo comunicar las ideas. Lástima que nunca recuperase el nivel que lució aquí.

© Ignacio Illarregui Gárate 2002
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