Rebeldes en Dangha / Los brujos de Lero
A. Thorkent
Robel

Julio
de 2003
188 páginas
Ilustración
Luis Royo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La editorial Robel acaba de iniciar una tarea digna de encomio: reeditar en 28 volúmenes con una cadencia mensual todas las historias del Orden Estelar que Ángel Torre Quesada escribió entre las décadas de los 70 y los 80 bajo el pseudónimo de A. Thorkent. Una empresa que intenta repetir, a una mayor escala y con una apariencia más profesional, lo que Silente lleva haciendo de un tiempo a esta parte con la vetusta Saga de los Aznar, obra nacida del trabajo de  de George H. White/Pascual Enguídanos a lo largo de más de 20 años. Y, a primera vista, parece una labor harto compleja. No tanto por recuperar las más de 50 novelas cortas que forman parte de la saga, que no ha pasado tanto tiempo desde que vieron la luz y se cuenta con la ayuda inestimable del propio autor, sino porque se pretende seguir la cronología interna de la serie, algo harto complicado si se tienen en cuenta las condiciones bajo las que se escribían. Después de todo son literatura de quiosco que, como bien se explica en la presentación, buscaban historias independientes en las que no hubiese una continuidad clara entre historia e historia. Pero esto es algo que tendremos que comprobar más adelante, porque con estas dos pildoritas que acaban de salir poco se puede adelantar.

En este primer volumen encontramos dos historias que no pertenecen a la saga de El Orden Estelar pero que funcionan como preámbulo al estar situadas temporalmente varios años antes. El universo en que se desarrollan no extrañará ni a los conocedores de la Historia (es pura caída del Imperio Romano) ni a los lectores iniciados en la ciencia ficción: repiten de pe a pa el mismo escenario que aparecía al inicio de la serie de La Fundación: un Imperio corrupto que se ha extendido por toda la galaxia empieza a dar síntomas de debilidad y amenaza con desmembrarse. Sólo que en vez de apuntar en la misma dirección de Asimov, aquí todo es más primario; se busca una aventura simple y rutinaria que se lea sin complicaciones.

En Rebeldes en Dangha el protagonista es el hijo de un héroe galáctico que, apadrinado por un superior suyo de la academia, es conducido hasta el planeta Dangha, donde deberá enfrentarse a los rebeldes que luchan a muerte contra el imperio y donde descubrirá que igual está en el bando equivocado. Mientras, en Los brujos de Lero, un científico ayuda a un pueblo con poderes paranormales perseguido por el señor de la guerra de turno, aspirante a crear su propio reino de Taifas al margen del Imperio.

Ambas historias ofrecen una aventura muy ligera repleta de todos los tópicos de los libros de bolsillo, que abarcan desde el maniqueísmo total (buenos muy buenos, malos muy malos y, además, tracioneros), la sempiterna trama emocional entre el prota y la única chica que pasaba por allí, total dominancia de personajes masculinos, descripciones escuetas, trama sencilla y trepidante,... En mi caso, por momentos, disfruté bastante de la segunda aventura, un popurrí que mezcla cyborgs, poderes mentales, asaltos en el espacio, científicos a los Walker Texas Ranger, casualidades infantiles, villanos de opereta,...

Pero no se puede negar que el Torres Quesada de esta serie, comparado con pioneros de la ciencia ficción aventurera como Doc Smith, Murray Leinster o Keith Laumer o él mismo cuando escribió las Islas de la Guerra, no ralla a gran altura, ni mucho menos. Quizás porque la propia manera de trabajar en este mercado exigía una escritura cinética, poco dada al trabajo literario de buscar una idea, trabajarla y escribir con detenimiento. También, volviendo a lo que contaba al principio sobre la supuesta cronología interna de la serie, hay un problema que personalmente me ha supuesto un pequeño jarro de agua. En la primera historia, en un momento, se alude a que ha habido un golpe de estado. Sin embargo, en la siguiente, nada sabemos sobre él y volvemos a tener un emperador en el trono sin saber qué ha ocurrido. Existen muchas explicaciones posibles para este hecho: que ocurran temporalmente a la vez en zonas muy diferentes de la Galaxia, que ocurra mucho después cuando se ha resuelto el problema,... Pero queda la sensación que, por mucho que se hable de un mismo universo y un mismo marco, en el momento de su concepción no hubo mucho rigor y no dejan de ser un cúmulo de historias, algunas conectadas y otras no.

De todas formas el trabajo de Robel merece todos mis parabienes. El aspecto del libro es inmejorable. No sólo el externo, que recupera a Luis Royo como creador de la imagen externa de una colección, sino también en el que más afecta al lector. Es agradable al tacto, la maquetación es más que correcta y está muy cuidada, ofrece mucha información a través de sendos textos introductorios,... y encima su precio es de 6 €. Ideal para sumergirse en estas historias escasamente originales, muy pedestres, que gustarán a los nostálgicos amantes del space opera pulpera que se escribía a principios de los años 30. Yo seguiré próximas entregas para comprobar su desarrollo para tener la colección entera, lo que promete ser un gustazo.

© Ignacio Illarregui Gárate 2003
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