Celtika
Robert Holdstock
Timun Mas
Celtika
2000
Serie de El Códice de Merlín 1
2001
Traducción Mª José Vázquez

351 páginas
Ilustración Larry Rostant

Como ya demostró en los hoy en día inencontrables Bosque Mitago y Lavondyss, Robert Holdstock siente una especial predilección por el funcionamiento de los mitos. En ambas, y supongo que en el resto de novelas de la serie no traducidas a nuestro idioma, exploró tanto sus raíces como la forma en que ciertos arquetipos interactuaban con el individuo actual. Ahora, años después, Timun Mas lo ha devuelto a nuestras librerías con un título curioso que no se aleja demasiado de este planteamiento. En unos tiempos donde la postmodernidad funciona a todo trapo, Celtika da una vuelta de tuerca más a la antigua costumbre de que, cuando todo parece ya contado y no hay ideas originales en el horizonte, antes de una nueva refundación, lo que se hace es juntar elementos de muchas fuentes anteriores para construir un objeto "nuevo" en el que el mestizaje lo es todo.

Digo antigua costumbre porque la tradición viene de viejo. Tal y como se puede leer a Lin Carter en El origen de ESDLA, las últimas eddas nórdicas llegaron a incluir temas relacionados con La Ilíada u otras epopeyas clásicas; y los postreros libros de caballerías escritos en el siglo XVII mezclaron todo tipo de héroes y diseños extraídos desde las leyendas artúricas a la canción de Roland. Esta razón histórica ayuda a entender cómo, una vez que de nuevo todo parece inventado, cuando la ausencia de originalidad entra por la puerta la "vergüenza" salta por la ventana sin que la calidad tenga que resentirse. Así no extraña que Neil Gaiman haya forjado su exitosa carrera a base de arrasar con todo tipo de cosmogonías; China Miéville haya deslumbrado con su mezcolanza de literatura victoriana, gótica, horror existencial, steampunk y ciencia ficción atmósferica; o el genial Sapkowski haya saqueado sin pudor en su saga de Geralt de Rivia las ricas costumbres centroeuropeas, ignotas para el lector hispano.

Situado en este contexto, aunque en un primer momento produzca esa impresión, la mera posibilidad de que se pueda juntar en una misma historia la Argonáutica, el Kalevala y el ciclo artúrico no suena descabellado. Es una consecuencia "lógica" de los tiempos que vivimos. La clave está en cómo se haga esa amalgama (¡viva perogrullo!). Gracias sean dadas al Hacedor, como demostró hace dos décadas con el bosque de los mitos, Holdstock conoce a fondo la tradición y construye una narración relativamente coherente consigo misma, respetuosa con cada una de sus fuentes y bastante consistente. Puede que, como diré más adelante, fracase en determinados puntos. Pero el trayecto por el que nos lleva es valiente y está bien trazado.

Celtika es el volumen que abre el ciclo de El códice de Merlín, planteado como una trilogía. 700 años después del viaje original del Argos en busca del vellocino de oro, pocos después del colapso del fugaz imperio de Alejandro Magno y antes de la irrupción de Roma, el único tripulante que queda con vida de aquél viaje, Merlín, llega a las tierras del norte de Europa en busca de la embarcación y de su patrón. Ambos se encuentran sumergidos en lo profundo de un mágico lago helado, protegidos por las gélidas temperaturas, un grupo de criaturas acuáticas, un puñado de espíritus y una ominosa presencia que tiene allí su morada... que no suponen demasiadas complicaciones. Una vez reflotada y remozada la nave, reclutan una nueva tripulación para realizar una misión no tan señera como la búsqueda del vellocino pero igual de fundamental para su patrón.

Esa misión, que al principio no está muy clara, es la que Holdsotck va a relatar a lo largo de toda la novela, manteniendo una "bruma" misteriosa que los propios acontecimientos irán levantando hasta llegar al final, cuando el juego y la trama del próximo libro queda planteada. En medio está lo que lleva de A, el lago encantado, a B, el desenlace del primer acto, y aunque no se puede decir que el autor sea excesivamente ortodoxo se le perdonan algunos de los vaivenes que pega; el viaje físico del Argos es el lógico y normal, y las peripecias que atraviesan las que tienen que ser.

Ahí destaca la atmósfera con la que impregna a su Europa de las tribus extraídas del final de la edad de los metales, con un medido aire histórico donde todos los elementos coexisten de forma natural sin que haya tirones anacrónicos. Esto propicia un juego tan divertido, sobre todo para los lectores que estamos poco avezados en estas lides, como el de tratar de situar el lugar donde sucede cada acción, establecer qué relación tiene cada elemento con las leyendas que podamos conocer e indagar dónde están las raíces de lo que vendría a ser después la historia del unificador de Britania. Eso convierte el periplo en una experiencia enriquecedora.

Lamentablemente no todo son alabanzas. Aunque los personajes principales son ricos y tienen matices atrayentes (un Jasón obsesionado por su cruzada y hasta el gorro de ser un peón de dioses; un inmortal Merlín, joven por fuera, anciano por dentro y temeroso de utilizar su poder por si envejece "prematuramente") acaban resultando pelín cargantes. Especialmente el protagonista, un agonías de cuidado al que se las dan con queso cada dos por tres y que duda más que Hamlet cuando se mira a sí mismo. Algo en franca contradicción con la epopeya que parece ser Celtika, que requería un personaje un poco más decidido o, al menos, no tan veleta. De esta carencia (o fallo en la caracterización) adolecen también los secundarios que participan en la expedición, que se presentan como en los cantos clásicas, citándose su nombre y las propiedades heroicas que los hacen dignos de figurar en la tripulación. Salvo en un par de casos muy determinados, como el hercúleo Rubobostes y su caballo, apenas se desarrollan y les falta el carisma necesario para llamarlos Héroes. Unos argonautas con a minúscula.

Esta ausencia de hálito épico también se aprecia en la trama que está bien llevada. Sin embargo es triste que después de 341 páginas, salvo un violento combate personal, apenas hay una sola acción que puedas decir "está a la altura de las que se hicieron en el primer viaje de la nave". Supongo que es el sino de los tiempos, que una cosa era escribir una historia cuando no había ninguna escrita y había cosas que te podían sonar a nuevo, y otra hacerlo hoy, cuando más que la sencillez de las grandes gestas los lectores buscan sofisticación, drama desaforado y complicaciones. Tres aspectos que Holdstock imprime a Celtika y que redundan en una lectura interesada... pero absolutamente desapasionada, lo que termina pasándole factura. A ver si me leo en breve El grial de hierro, donde continúa la aventura.

© Ignacio Illarregui Gárate 2004
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